Opinión

Candidaturas del espectáculo y el deporte

Marco BañosProfesor en UNAM y en UP. Especialista en temas electorales. ElFinanciero_Mx ElFinanciero_Mx Marco Baños El Financieroopinion@elfinanciero.com.mx
15.02.2021
Última actualización 15 February 2021 04:50
El registro de candidaturas por partidos políticos nacionales y locales para las elecciones en curso genera amplia polémica entre sus militantes y entre la sociedad debido a la intención de impulsar a personalidades del deporte y del espectáculo.

El registro de candidaturas por partidos políticos nacionales y locales para las elecciones en curso genera amplia polémica entre sus militantes y entre la sociedad debido a la intención de impulsar a personalidades del deporte y del espectáculo. Y si bien postular a luchadores, boxeadores, futbolistas, ciclistas, comunicadores y ahora youtubers, no es nuevo ni en México ni en otros países del mundo, hoy llama la atención con mayor intensidad porque ya se conocen varias decenas de ellos en ruta de ser candidatos.

El hecho concita diversas reflexiones. Primero, hay 10 partidos en contienda, nuevos o tradicionales, y la mayoría impulsa a celebridades de dichos gremios que gozan de popularidad y amplio reconocimiento. La estrategia se orienta a conservar el registro, aunque los propios partidos saben que en muchos casos esas postulaciones no cristalizarán en triunfos que les otorguen posiciones de gobierno o de representación popular, pero sí muchos votos para alcanzar el anhelado tres por ciento; sobre todo en el caso de los nuevos, que tuvieron poco tiempo para organizarse territorialmente y estructurar sus estrategias políticas.

La segunda, tiene que ver con reacciones de organizaciones civiles empresariales o políticas que, virtud a los precedentes, niegan efectividad a esos personajes ya en el desempeño de la función. En mi opinión, la postulación de “famosos”, es válida, pues se trata del ejercicio de derechos políticos y de estrategias partidarias. En democracia todos podemos ser votados y muchos pueden ser representativos de sectores o grupos sociales, todas y todos pueden aspirar a ocupar un cargo de elección popular y una función constitucional de los partidos está en acercar a los ciudadanos a esa posibilidad.

Tercera, sobre la posible ventaja al postular a personajes del espectáculo y del deporte frente a políticos tradicionales, vale decir que la baja confianza ciudadana en los partidos radica en lo que el electorado ha leído como incumplimientos en las ofertas de campaña, en bajos rendimientos en el ejercicio del cargo y en lamentables hechos de corrupción y abuso de poder que marca a todos los colores por igual. Así que entre postular a políticos de carrera o a rostros nuevos, en algunos casos los partidos preferirán renovación, pese a los conflictos internos que ello supone, pero buscando votos seguros.

Como nunca en la historia de las elecciones mexicanas, veremos candidaturas de “famosos” en las boletas, con sus nombres reales acompañados de sus nombres artísticos o apodos. Los luchadores, por ejemplo, podrán usar sus indumentarias durante las campañas, aunque el día de las votaciones no podrán acceder a la casilla con máscara, por prohibición de ley.

Seremos, entonces, los ciudadanos quienes tendremos la responsabilidad de evaluar el mosaico de propuestas que los partidos presenten junto a las candidaturas independientes para determinar quién recibe apoyo mayoritario y logra acceder a un cargo de elección popular. Pertenecer al mundo del espectáculo o del deporte no es una característica que por sí misma anule las posibilidades o los derechos de alguien, en cambio, serán sus propuestas y su trabajo lo que determine sus posibilidades reales de triunfo.

Las elecciones de este año implican retos complejos para autoridades, partidos y ciudadanos. También significan la posibilidad de establecer los equilibrios en la distribución del poder público que necesita el funcionamiento de nuestra democracia. Solo el voto ciudadano tiene esa facultad y por ello vale informarnos sobre las candidaturas que estarán en la boleta, con reelección y todo, para tomar la mejor decisión sin presiones, sin coacción y en plena libertad.

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